Tal vez, en algún lugar muy lejano, él sintió en su espalda aquel murmullo recorriéndole, tal vez se asomó a la ventana a ver la lluvia caer y tal vez, sólo tal vez, tomó su impermeable y su sombrero y se puso a deambular por las calles de aquella grisácea ciudad.
Han pasado meses sin saber de ella y las calles solitarias le han hecho recordar su mirada que era triste y melancólica, un poco perdida, un poco introspectiva, un poco maligna a veces.
Tal vez miró el oscuro cielo y siguió sintiendo el murmullo incesante erizándole los bellos de la espalda, tal vez se sentó en una banca húmeda y dejó que la lluvia terminara de empaparlo, tal vez, sólo tal vez, se llevó las manos a la boca para soplarlas y luego frotarlas con la intención de que no se le enfriaran demasiado.
Han pasado meses sin saber de ella y el árbol que tiene en frente le ha hecho recordar el perfume de su pelo que era un poco olor a tierra húmeda, un poco a hoja seca, un poco a viento frío a veces.
Tal vez se puso de pie lentamente y se quitó el sombrero, tal vez se acercó a ese viejo de la banca de al frente y le preguntó la hora, tal vez el viejo le respondió que hoy era 22 de marzo y tal vez él pensó que el viejo era un estúpido y que era extraño que lloviese así en esta fecha, tal vez, sólo tal vez se alejó confundido y con las manos en los bolsillos buscando una moneda.
Han pasado meses sin saber de ella y las calles solitarias le han hecho recordar su mirada que era triste y melancólica, un poco perdida, un poco introspectiva, un poco maligna a veces.
Tal vez miró el oscuro cielo y siguió sintiendo el murmullo incesante erizándole los bellos de la espalda, tal vez se sentó en una banca húmeda y dejó que la lluvia terminara de empaparlo, tal vez, sólo tal vez, se llevó las manos a la boca para soplarlas y luego frotarlas con la intención de que no se le enfriaran demasiado.
Han pasado meses sin saber de ella y el árbol que tiene en frente le ha hecho recordar el perfume de su pelo que era un poco olor a tierra húmeda, un poco a hoja seca, un poco a viento frío a veces.
Tal vez se puso de pie lentamente y se quitó el sombrero, tal vez se acercó a ese viejo de la banca de al frente y le preguntó la hora, tal vez el viejo le respondió que hoy era 22 de marzo y tal vez él pensó que el viejo era un estúpido y que era extraño que lloviese así en esta fecha, tal vez, sólo tal vez se alejó confundido y con las manos en los bolsillos buscando una moneda.
Han pasado meses sin saber de ella y la pelusa que sacó del bolsillo le ha hecho recordar la suavidad de su piel que era un poco como la suavidad porosa de esa pelusa, un poco como el color de esa pelusa, un poco como la delicadeza de esa pelusa a veces.
Tal vez siguió caminando por ese parque y dejó que la tristeza le brotara por los ojos, tristeza aterciopelada del rojo atardecer, tristeza teñida de humedad.
Y tal vez, sólo tal vez, se dio cuenta de que nunca creyó extrañarla y se agachó a recoger una piedra para tirarla con todas sus fuerzas al vacío.
Y tal vez, sólo tal vez, ahora ella estaba pensando en él y estaba en un parque cualquiera apoyada en la reja, mirando el lago y susurrando su nombre.
Tal vez...
Tal vez siguió caminando por ese parque y dejó que la tristeza le brotara por los ojos, tristeza aterciopelada del rojo atardecer, tristeza teñida de humedad.
Y tal vez, sólo tal vez, se dio cuenta de que nunca creyó extrañarla y se agachó a recoger una piedra para tirarla con todas sus fuerzas al vacío.
Y tal vez, sólo tal vez, ahora ella estaba pensando en él y estaba en un parque cualquiera apoyada en la reja, mirando el lago y susurrando su nombre.
Tal vez...

