Tomó su grafito y con la punta de la lengua mojó la punta. Recordó la primera vez que hizo aquello y cómo el sabor indescriptible del carbón se le fue disolviendo, cómo el sabor aquel, le agrió la boca y, sin embargo, le produjo un placer inexplicable a todos sus sentidos.
Pasó una de sus manos por la tersa superficie y con la otra secó el sudor de su frente y se acomodó el mechón de pelo por detrás de la oreja. Inspiró levemente y exhaló con furia. En sus ojos grises un destello de luz le dio ese toque maniático que muchas personas le habían descrito luego de verlo dibujar.
A su alredor sólo estaba la superficie, una silla, una ventana sin cortinas que dejaba entrar la tenue luz del otoño que surca los suburbios de aquel país, su chaqueta tirada en el piso de madera sucio y derruido.
Todo era silencio allí. Silencio y sus suspiros colmando los centímetros de la aterciopelada superficie... "superficie"

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