Sí, tú

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Chile
Érase una vez blah, blah, blah.
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jueves, 29 de diciembre de 2011

Boceto

Tomó su grafito y con la punta de la lengua mojó la punta. Recordó la primera vez que hizo aquello y cómo el sabor indescriptible del carbón se le fue disolviendo, cómo el sabor aquel, le agrió la boca y, sin embargo, le produjo un placer inexplicable a todos sus sentidos.
Pasó una de sus manos por la tersa superficie y con la otra secó el sudor de su frente y se acomodó el mechón de pelo por detrás de la oreja. Inspiró levemente y exhaló con furia. En sus ojos grises un destello de luz le dio ese toque maniático que muchas personas le habían descrito luego de verlo dibujar.
A su alredor sólo estaba la superficie, una silla, una ventana sin cortinas que dejaba entrar la tenue luz del otoño que surca los suburbios de aquel país, su chaqueta tirada en el piso de madera sucio y derruido.
Todo era silencio allí. Silencio y sus suspiros colmando los centímetros de la aterciopelada superficie... "superficie"

domingo, 28 de agosto de 2011

Inútil


Vas caminando estático, mirando sin ver pasar las miles de luces que me van rodeando y que comienzan a carcomerte. Un hilo de baba se escapa por la comisura de tus labios. Yo no me molesto en secarlo. Me distraen un poco esas perlas destelleantes en tu barbilla, la luz del sol directa en tu cara, en tus oscuros ojos inmóviles. Así te veo. Así me ves. Es inútil. Transito entre tu estupidez y la mía y sólo sé que cada nivel es una estupidez más y que tú seguirás en aquel lugar, fijo, como un muerto, mientras caminas y a tu alrededor las noches de luna llena van marchitando tu blanca piel. Esas mismas noches en las que yo sigo sintiendo una punzada de dolor eterna en mi bajo vientre ante tu sonrisa expectante y mi desidia latente que de pronto quisiera recorrerme y dominarme y tomar mi cabello para adornar tu delgado cuello y tus muñecas frágiles... atarte de una vez y para siempre. Dar el tiro certero que te haga abrir los ojos y cerrar los párpados, tus párpados azulosos. Es inútil. Sigo con mi cabello en la cabeza y con la cabeza en mis propio cuello y te sonrío y te escupo los pies descalzos, ensangrentados y sucios. Y entre vómitos lanzas carcajadas que me saben a indiferencia punzante. Ya no me hieres y tus voces pasan a través de mis gritos sin dejar vestigios ni cicatrices en este cuerpo cocido a mano con tu estúpido hilo de babas.












jueves, 14 de julio de 2011

Off.-

Y como si la evidencia fuera testimonio de lo que habita en mi corazón, intento borrarte de mi existencia acabando con todo lo que a ti me recuerda. Será un cuento de nunca acabar. Hoy es un día tan solitario...

sábado, 28 de mayo de 2011

No título


Hay veces en las que le gustaría simplemente tomar su cuadernillo, su lápiz, una chaqueta, unas cuantas monedas y largarse al sur. O irse desgajando en millares de notas musicales para constituir una melodía disonante. O, quizás, mirarse al espejo, ver su reflejo y no tener que huir. Hay veces en las que le gustaría caminar un día completo por las calles de esta ciudad, ir observando a las personas, saludar a un par de ellas y sonreír sólo porque sí. O, no sé, elevarse unos cuantos metros hasta la cima de los edificios y desde allí contemplar un atardecer sin cerrar una sola vez los ojos. Y sentirse abrazada y cobijada por los rayos del sol, acrisolada de sueños, empañada de verdades. Puede ser que simplemente la idea de contemplar el brillo de su piel desnuda bajo la sombra de algún pino, le seduzca tanto como gritar las tres horas seguidas que siempre ha querido gritar. O despojarse de las responsabilidades para disfrutar sin culpas de un día de inercia en una plaza cualquiera. Y saltar hasta perder el aliento y vomitar las palabras que tiene hechas jirones en las entrañas.
Hay veces en las que le gustaría poder expresarse con total claridad para que él, al menos sólo por una vez, pudiera comprenderla.

miércoles, 20 de abril de 2011

Medianoche


Veintidós es el número de veces que te recordaré en estos veintiún minutos que tardaré en escribirte las veinte lágrimas que me contuve de derramar anoche: Me guardo los diecinueve versos que quise leerte este domingo, detengo la reproducción de las dieciocho canciones que siempre quise cantarte y que siempre quisiste escuchar. En este mismo momento me río de esas diecisiete discusiones, de los dieciséis reproches y de las quince veces que te quise borrar de mi vida… Al fin y al cabo catorce noches soñé contigo el mismo sueño y otras trece me desvelé por pensar en ti. Tampoco puedo negar que en doce ocasiones necesité un abrazo y que once me refugié en tus brazos viéndote sonreír, no, no puedo… Y ten en cuenta que son diez las tardes que quedaron grabadas en un trocito de mi corazón, que fueron nueve "te quiero" dichos y escritos los que te regalé y ocho llamadas con voz de sueño y un tanto inconsciente las que te dejo para las siete horas que quizás pienses en mí este año. Ah! Cariño, (sí, “cariño”), aunque no seas mío, ni lo fueras antes, fueron seis las lunas que te dediqué y fueron cinco los "te quiero" que pronunciaste mirándome a los ojos. En esta carrera regresiva te cuento que cuatro son los besos que permanecen en mis labios, tres los recorridos de nuestros cuerpos que aún siento en mi piel, dos son los días que faltan para que se cumpla un mes más desde que te vi por primera vez y que sólo uno es el adiós.

¿Sabes por qué veintidós, verdad?


sábado, 9 de abril de 2011

Te veo

Me asomé al ventanal deseando con todas mis fuerzas ser capaz de dar un paso más y comenzar a caer. Caer libremente, caer con lentitud cinematográfica, caer para sentir el viento en mi cuello, el viento que me haría reaccionar justo antes de darme de cabeza con el asfalto para desplegar rápidamente mis alas y surcar el cielo revoloteando.

Quizás iría a buscarte, quizás simplemente me gustaría mirarte, y cruzar nubes y nubes, llenas de frío, llenas de otoño, y competir con un pájaro por quién llega primero a ese árbol que se alza majestuoso en lo más alto del cerro San Cristóbal, y cruzar nubes y nubes, llenas de lágrimas, llenas de otoño.

Pero no puedo avanzar, sigo de pie en este décimo piso observando Santiago, el tráfico, el ocaso impregnado de smog. Mis alas están sanas, físicamente están sanas, pero ya no se atreven a volar, lo sé.

Ah! Y fundirme con el viento y rozar la tierra húmeda con la punta de los dedos, y avanzar, siempre avanzar en el cielo celeste, en el cielo negro, en el cielo azul y rojo. Reflejar en cada pluma de mis alas los mil colores del atardecer, y recogerlos para ti, guardarlos cariñosamente en en el fondo de mi corazón para dártelos.

Mis alas estás sanas, pero ya no se atreven a volar. No. Hoy daré un paso más.

Voy por ti.