
Hay veces en las que le gustaría simplemente tomar su cuadernillo, su lápiz, una chaqueta, unas cuantas monedas y largarse al sur. O irse desgajando en millares de notas musicales para constituir una melodía disonante. O, quizás, mirarse al espejo, ver su reflejo y no tener que huir. Hay veces en las que le gustaría caminar un día completo por las calles de esta ciudad, ir observando a las personas, saludar a un par de ellas y sonreír sólo porque sí. O, no sé, elevarse unos cuantos metros hasta la cima de los edificios y desde allí contemplar un atardecer sin cerrar una sola vez los ojos. Y sentirse abrazada y cobijada por los rayos del sol, acrisolada de sueños, empañada de verdades. Puede ser que simplemente la idea de contemplar el brillo de su piel desnuda bajo la sombra de algún pino, le seduzca tanto como gritar las tres horas seguidas que siempre ha querido gritar. O despojarse de las responsabilidades para disfrutar sin culpas de un día de inercia en una plaza cualquiera. Y saltar hasta perder el aliento y vomitar las palabras que tiene hechas jirones en las entrañas.
Hay veces en las que le gustaría poder expresarse con total claridad para que él, al menos sólo por una vez, pudiera comprenderla.
Hay veces en las que le gustaría poder expresarse con total claridad para que él, al menos sólo por una vez, pudiera comprenderla.
