Es así comoo todo se termina reduciendo al tiempo. Hoy estoy aquí y ayer allá, pero hoy y ayer no son más que palabras que se esfuman entre mis dedos que voy deslizando para trazar tantas figuras indescriptibles, terribles, hermosas.
La horas pasan, (porque claro que están pasando: el estúpido reloj me lo recuerda) y tú estás en el mismo lugar en el que te conocí y yo en la misma soledad. Eso que no entendiste nunca y que no entenderás jamás. El d-e-sORDEN infinito, el caos antes de la brisa submarina que viene siempre por mí y por ti, por ella, por él, por todos nosotros.
No es posible la calma, la verdadera calma, calma, clama, clama, implora y tú, sí tú, otra vez. Te vas desdibujando. Y una lágrima va entorpeciendo mis intenciones.
El gran punto es que ya nada es como antes y que detesto el antes y que el antes no es más que el presente, que el ahora, que el dolor, porque el tiempo sólo es uno. Uno que me va atrapando entre sus redes, que me va haciendo prisionera y me deja con una confusión de la gran puta en la cabeza. En las visceras que la perra escupe por las calles vacías mientras deambula.
Ya nada tiene sentido, y la nada lo es todo y el todo simplemente no sé lo que es.
miércoles, 8 de febrero de 2012
jueves, 29 de diciembre de 2011
Boceto
Tomó su grafito y con la punta de la lengua mojó la punta. Recordó la primera vez que hizo aquello y cómo el sabor indescriptible del carbón se le fue disolviendo, cómo el sabor aquel, le agrió la boca y, sin embargo, le produjo un placer inexplicable a todos sus sentidos.
Pasó una de sus manos por la tersa superficie y con la otra secó el sudor de su frente y se acomodó el mechón de pelo por detrás de la oreja. Inspiró levemente y exhaló con furia. En sus ojos grises un destello de luz le dio ese toque maniático que muchas personas le habían descrito luego de verlo dibujar.
A su alredor sólo estaba la superficie, una silla, una ventana sin cortinas que dejaba entrar la tenue luz del otoño que surca los suburbios de aquel país, su chaqueta tirada en el piso de madera sucio y derruido.
Todo era silencio allí. Silencio y sus suspiros colmando los centímetros de la aterciopelada superficie... "superficie"
Pasó una de sus manos por la tersa superficie y con la otra secó el sudor de su frente y se acomodó el mechón de pelo por detrás de la oreja. Inspiró levemente y exhaló con furia. En sus ojos grises un destello de luz le dio ese toque maniático que muchas personas le habían descrito luego de verlo dibujar.
A su alredor sólo estaba la superficie, una silla, una ventana sin cortinas que dejaba entrar la tenue luz del otoño que surca los suburbios de aquel país, su chaqueta tirada en el piso de madera sucio y derruido.
Todo era silencio allí. Silencio y sus suspiros colmando los centímetros de la aterciopelada superficie... "superficie"
lunes, 5 de diciembre de 2011
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Dicen que después de la tormenta siempre sale el sol.
Ahora sé que pasó. Ahora sé que me destruí un poco más el alma y que, sin embargo, estoy aquí.
No, el sol no ha llegado. De hecho las horas no han pasado. Mi carne sigue en el mismo lugar. Lo sé a pesar de que ahora estoy sentada frente a un computador escribiendo esta nota. Mi carne sigue allí, en el pasillo, doblada en una forma graciosa, desnuda, tiritando, expulsando ese veneno que te recorrerá cuando leas esto. Lo sé a pesar de que ahora siento hambre, a pesar de que me obligo a levantarme, a cocinarme algo. Es que ella es más importante, claro.
Y es que ahora actúo como por inercia. No sé muy bien lo que hago, lo que digo, lo que escribo, lo que veo.
Desde una ventana un perro me mira y gira su pequeña cabeza de un lado a otro sin comprender. "Yo tampoco entiendo" le digo casi sin voz.
Y el deseo de despertar, de despertar otra vez es el que me embarga, lo que tengo en mente, el único pensamiento que articulo con claridad, además del que habla sobre el dolor, sobre lo patético de tu ausencia, del que habla de lo estúpido que es soñar, de ese que se recrimina las ganas de hacer una fantasía realidad. Y entonces le hablo y creo que ella me escucha, sólo porque no le queda de otra. Pero son palabras de aliento. De fuerza. De coraje. Y es que no permitiré jamás que ella viva lo que yo. Aunque tenga que dar vuelta este mundo, aunque tenga que derrotar la mierda que me embarga y que embarga a la sociedad, aunque no sé. No me importa nada más que su felicidad.
No sé, ya no sé lo que escribo, no sé porque lo sigo haciendo y no sé por qué cresta el sueño no viene a mí y me rodea de una vez. Quizás me daría un segundo de respiro. Porque ahora me asfixio, sabes? Ahora me ahogo de nuevo y me dejo vencer otro poquito, y ese otro poquito hace que otra vez sea mi cuerpo desnudo y derruido en esa alfombra el que me posea y es que en realidad ni sé dónde estoy.
jueves, 20 de octubre de 2011
Érase una vez
Claro, érase esta vez y muchas veces y he aquí yo. Y tú, a veces. Ya no es tan fácil delimitar, ¿verdad?. Pero esto ya no importa. Continuemos.
Érase esta vez y muchas veces y he aquí yo. Que te diga que es fácil o no es fácil, qué importa, la cuestión es que estás sobre mí, que te estás desvaneciendo otra vez, que te estás adentrando otra vez y que me gustaría alejarte de una puta vez y no puedo. Y tu ries, ries mientras yo sigo delineando en mi imaginación estas mismas palabras que saben a esfuerzo redoblado en cada carcajada tuya. Y el cielo que está tan claro, nena, tan claro que me enfurece un poco con sus nubecitas y sus figuras y tu cabello ondeante. No te hagas, sé que lo haces a propósito.
Déjame, porque ...
Érase esta vez y muchas veces y he aquí yo que corro por los parajes de tu cavidad bucal buscando un lugarcito, aunque sea muy pequeño, en el que cobijarme y que sólo me pertenezca a mí. He aquí yo que repto entre tus manos y que desdibujo con mi propia saliva cada una de las otras caricias que hiciste a miles de cuerpos más cansados que el mío, más terribles que el mío, más inútiles que el mío.
Que no puedas salir de mis divagaciones es la total aceptación de que las cosas andan mal, andan verdaderamente mal.
Érase esta vez y muchas veces y he aquí yo que dejo de pensar.
Érase esta vez y muchas veces y he aquí yo. Que te diga que es fácil o no es fácil, qué importa, la cuestión es que estás sobre mí, que te estás desvaneciendo otra vez, que te estás adentrando otra vez y que me gustaría alejarte de una puta vez y no puedo. Y tu ries, ries mientras yo sigo delineando en mi imaginación estas mismas palabras que saben a esfuerzo redoblado en cada carcajada tuya. Y el cielo que está tan claro, nena, tan claro que me enfurece un poco con sus nubecitas y sus figuras y tu cabello ondeante. No te hagas, sé que lo haces a propósito.
Déjame, porque ...
Érase esta vez y muchas veces y he aquí yo que corro por los parajes de tu cavidad bucal buscando un lugarcito, aunque sea muy pequeño, en el que cobijarme y que sólo me pertenezca a mí. He aquí yo que repto entre tus manos y que desdibujo con mi propia saliva cada una de las otras caricias que hiciste a miles de cuerpos más cansados que el mío, más terribles que el mío, más inútiles que el mío.
Que no puedas salir de mis divagaciones es la total aceptación de que las cosas andan mal, andan verdaderamente mal.
Érase esta vez y muchas veces y he aquí yo que dejo de pensar.
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